Los misteriosos orígenes de "XOXO": rastreando la historia de un abrazo digital

Pocas firmas digitales son tan universalmente reconocidas como "XOXO". Ya sea garabateada al final de una carta manuscrita o escrita al final de un mensaje de texto, esta abreviatura de "abrazos y besos" se ha convertido en un elemento básico de la comunicación afectuosa. Sin embargo, a pesar de su omnipresencia, el inventor exacto del término sigue perdido en la historia.

No hay un registro definitivo —ninguna patente, entrada de diario o momento documentado— que acredite a una sola persona por acuñar "XOXO". Lingüistas e historiadores sugieren que la práctica evolucionó de forma orgánica durante décadas. La "X" ha representado un beso desde la Edad Media, cuando las personas analfabetas firmaban documentos con una cruz, que luego besaban para jurar un juramento. La "O", que representa un abrazo, es una adición mucho más reciente, probablemente surgida en América del Norte durante el siglo XX como contraparte visual de la "X".

Para mediados de los años 1900, la combinación se había vuelto estándar en la correspondencia informal, cerrando la brecha entre despedidas formales y afecto íntimo. Hoy, persiste como un raro ejemplo de sentimiento analógico que sobrevive —y prospera— en la era digital, demostrando que algunos gestos no necesitan inventor para volverse atemporales.